La interpretación de los sueños

Los sueños han tenido siempre, y siguen teniendo ahora para la ciencia, un cierto carácter de misterio o de desconocido. Todavía no conocemos en esencia las funciones de las imágenes que ocurren de forma autónoma durante el sueño. Una opción es decir que no sirven para nada, que son mera actividad eléctrica desordenada, y que la recordamos o no en función del azar. Pero en la práctica, los médicos nos interesamos si un paciente tiene o no pesadillas, pues puede indicarnos y ser un criterio diagnóstico de haber padecido alguna vivencia difícil de digerir psicológicamente, y hemos de investigarlo. Por lo tanto, mi opinión es que al material del sueño y las pesadillas hemos de acercarnos con actitud científica, sin juzgar, sin sacar conclusiones antes de tiempo sobre algo que no hayamos reflexionado y estudiado antes, como unos detectives ante una serie de hechos y pruebas que hemos de entender cómo han sucedido. 

Freud, en su obra “La interpretación de los sueños”, en 1900, expone que en su experiencia, el sueño suele ser una realización alucinatoria de deseos, más o menos conscientes, del soñante. El psicoanálisis actual, en sus diversas escuelas, aunque ampliando y matizando esta afirmación, está de acuerdo con la actividad compensatoria, prospectiva y simbólica de las imágenes del sueño en relación con la vida psíquica del soñante durante su día a día.

Así, el sueño tiende a ser una actividad que “señala” cómo ha estado yendo nuestra psicología durante el día. Por ejemplo, quizás durante el día no haya tenido tiempo ni me haya podido parar a sentir miedo, pero en el sueño esta vivencia puede manifestarse en forma de escena onírica.

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